-Con cada vaso de alcohol acabas con cientos de células del cerebro, pero eso no importa mucho, tenemos millones de ellas. Primero mueren las de la tristeza, así que estás sonriente y te ries hasta de tu sombra. Luego mueren las del silencio y todo lo que piensas lo dices en voz alta, aunque digas lo que menos tenias que haber dicho pero eso no importa porque de seguido mueren las de la estupidez.-Entonces vamos a beber alcohol como nunca lo hemos hecho.
-No es tan fácil; aún quedan unas muy importantes, las de los recuerdos y esas... esas son muy difíciles de matar. Creo que ningún licor del mundo es capaz de acabar con todas ellas. Son… ¿cómo diría yo? Ah, sí, inmortales.